En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle. Gandhi.


jueves, 10 de junio de 2010

EL CAPITAL MANDA, EL ESTADO OBEDECE

En TERTULIA... ¿Y SI LO HABLAMOS?
 
ante el shock de la crisis social no hay más terapia que el pensar/hacer común

EL CAPITAL MANDA, EL ESTADO OBEDECE


martes 15 de junio, de 19,30 h.

a 21,30 h.
sala Bar & Co, calle Barco 34, Madrid

organiza:

asociación/revista Trasversales

Si te apetece, como introducción al tema, puedes echar un vistazo
al
editorial del número 19 (verano 2010) de la revista
Trasversales...
http://www.trasversales.net/t19edito.htm

Trasversales
http://www.trasversales.net
trasversales@trasversales.net

consejo editorial de Trasversales

El capital manda, el Estado obedece

Revista Trasversales mayo 2010



declaración del consejo editorial de la revista TRASVERSALES, que será también el texto editorial del número 19 (nº 96 de la serie histórica) de dicha revista, verano 2010, que entrará en imprenta dentro de pocos días y estará dedicada muy ampliamente a una reflexión colectiva, con numerosas aportaciones, en torno al capitalismo, la crisis, las repercusiones de ésta sobre la desigualdad entre hombres y mujeres, el plan de ajuste, las pensiones, la reforma o contrarreforma del mercado laboral, etc. Una vez cerrado el número haremos público su índice.


En Europa avanza un proyecto reaccionario que aspira a apretar las tuercas a la gente común durante la crisis pero también a una involución duradera del estatus del trabajo y de la distribución de la riqueza en favor del capital. Una estrategia  ratificada por los ministros de Finanzas de la UE, aunque en Grecia y España se han puesto en marcha los planes de ajuste más regresivos. El Gobierno español contaba con mucho más margen de maniobra que el griego. Pero ha elegido el peor camino, con las medidas más antisociales de todas las propuestas en la UE, excepción hecha de la crucificada Grecia.

El panorama social y político en España es sombrio, pinzado entre un PP berlusconizado y un Gobierno derechizado. Los planes de éste merecen, ahora sí, una huelga general, aunque la valoración de sus condiciones o de cómo crearlas corresponde al movimiento sindical y a las asambleas de trabajadoras y trabajadores. En todo caso, hace falta una respuesta masiva, sostenida y unitaria para evitar un aún más grave deterioro social.

Los gobiernos de Rodríguez Zapatero eludieron retos estructurales como una nueva política de vivienda o una reforma fiscal avanzada. Siguiendo la ruta de Aznar, suprimieron el impuesto de patrimonio, disminuyeron el tipo  a pagar por las rentas más altas y desactivaron el impuesto de sucesiones y donaciones. En verano de 2009 ofrecieron a la patronal dos puntos menos de cotizaciones sociales. Adoptaron medidas electoralistas como, en 2007, el cheque-bebé (en vez de guarderías públicas e igualación de los permisos de maternidad y paternidad) y, en 2008, la rebaja fiscal de 400 euros. Todo, menos una reforma redistributiva.

Con su silencio, Rodríguez Zapatero ha avalado las decisiones del Ecofin y del FMI para reducir el déficit a ritmo vertiginoso. Podía y debía hacerse más despacio, pero el capital y los gobiernos quieren degradar el modelo social europeo y el denominado Estado de bienestar. Zapatero quizá prefiriese el camino pausado, pero, pese a la presidencia europea, no ha tenido posición propia sobre la reducción del déficit, la Hacienda europea, el presupuesto europeo, la solidaridad y el gobierno económico de la UE, ni ha criticado la brutalidad de los planes impuestos a Grecia. Ese silencio sin alternativas  ha contribuido al desprestigio, definitivo o de difícil superación, del proyecto de unidad política, social, fiscal y económica de Europa.

Incluso así, el ajuste podría haberse hecho de otra manera. No todo es posible en el marco de un capitalismo global y de una relación de fuerzas dada, pero, p.e., Portugal ha recurrido a instrumentos fiscales más equitativos. El plan de ajuste carga sobre la clase asalariada, en activo o pensionista, sin afectar a los sectores más acomodados. Especialmente injusta es la congelación de pensiones para 2011, cuando  con restablecer el impuesto sobre patrimonio se obtendría más. La reducción de salarios en el sector público afecta a mileuristas en precario, pero personas que ganan mucho más no aportan nada. Con un esfuerzo universal y en progresiva proporción a los ingresos habría más recursos con sacrificios más equitativos. Han presentado propuestas realistas en ese sentido IC-ICV, ERC, BNG y NaBai, los sindicatos o asociaciones de inspectores de Hacienda.
Dicen que temporalmente y en el momento oportuno pagarán más los más ricos, pero el empeño en que sólo afectará a los riquísimos (0,1%, dicen) confirma que no habrá un esfuerzo colectivo proporcionado a los ingresos ni se atacarán bolsas de defraudación o de subvaloración de ingresos. Tampoco se revisa el trasvase de fondos públicos a la Iglesia católica (unos 7000 millones de euros), aunque sólo sea para cubrir lo que nos costará su gestión en Cajasur.

Precedente de este plan fue el anunciado pensionazo. Sobre la viabilidad de las pensiones influyen demografía, tasa de actividad (de las mujeres), empleo, servicios públicos y corresponsabilidad en los cuidados, economía sumergida y fraude, cotizaciones sociales o sistema de financiación, pero el Gobierno decidió actuar sobre un sólo factor: los derechos sociales asociados a la jubilación.

El tijeretazo, el pensionazo y las extremistas exigencias patronales de desarticulación de la negociación colectiva o de abaratamiento del despido improcedente, algunas de las cuales podría imponer el Gobierno por decreto, componen una estrategia para un cambio cualtitativo en la distribución del valor añadido y para la ruptura de la legislación laboral. Si Zapatero tuviese una varita mágica para hacernos felices, la usaría, pero se arredra si tiene que tomar medidas molestas para los privilegiados.

El plan de ajuste es un ataque frontal a la población asalariada y pensionista, que afectará de forma aún más virulenta a las mujeres y que traerá más paro y un efecto arrastre: la patronal ya ha reclamado su derecho a bajar sueldos. Las organizaciones sindicales son objeto de ataques virulentos y se busca la fragmentación de la clase trabajadora.

De especial gravedad es la quiebra de  los compromisos. La congelación de las pensiones rompe el Pacto de Toledo y el recorte salarial en el sector público rompe el pacto de septiembre de 2009, “garantizado” por Fernández de la Vega en febrero de 2010. Y es muy revelador que se venda como "valiente" el que un Gobierno, jaleado por  las élites económicas, políticas y mediáticas, adopte medidas, como la congelación de las pensiones, contrarias a su programa electoral, a la opinión de la mayoría de la población e incluso rechazadas por sendas resoluciones del Congreso y del Senado, cuando expresa un deterioro de la democracia.

No esperemos que tal o cual gobierno nos proteja, aunque no nos sea indiferente quien gobierne. Tendremos lo que ganemos y defendamos. Los sindicatos tienen razon al rechazar esta estrategia y no deben vacilar. Urge fortalecer el movimiento sindical y participar en él, aunque tenga(mos) defectos por corregir, y urge la unidad de acción. Lo que ocurra a partir de ahora depende de la capacidad de respuesta colectiva ante el plan de ajuste y la estrategia global que le guía. Una respuesta defensiva, con objetivos realistas, pero firme en ellos.

O nos movilizamos o perdemos. Perderemos en derechos sociales y en condiciones de vida, y también perderemos con la llegada al Gobierno de España de un PP del que, con parte del trabajo sucio ya hecho, sólo podemos esperar la intensificación de los ataques.

No podría haber mayor error que el que por temor a "la derecha" vacilásemos a la hora de condenar los planes del actual Gobierno. Por el contrario, es éste quien está abriendo el camino a Rajoy.

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