En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle. Gandhi.


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lunes, 4 de marzo de 2013

¡Es la lucha de clases, estúpidos!

26.02.2013 | 06:30
 
¡Es la lucha de clases, estúpidos!
¡Es la lucha de clases, estúpidos!
 


Primero nos hicieron creer que la economía era lo más importante. La frase "The economy, stupid" se hizo muy popular en la campaña de Clinton contra Bush, y después nuestros políticos y nuestros opinadores la repitieron hasta la náusea. Muchos se creyeron el "mantra"; unos lo aceptaron por indigencia intelectual y otros lo usaron por puro cinismo, pero cuando estalló la crisis, se cayó en la cuenta de que detrás de la economía se tomaban decisiones políticas que hacían que la economía nos afectara en un sentido o en otro según quien decidiera. Cuando la derecha triunfante en las urnas se decidió a destruir las conquistas sociales de más de treinta años y quedó claro que la política económica era sobre todo política, fue la misma política la que entró en el remolino de la desafección y la hostilidad por parte de la mayoría de la población.

Hemos llegado a un punto en que hay que pasar a una nueva fase de desmitificación del lenguaje políticamente correcto que nos atenaza. Nadie en sus cabales cree hoy que la economía es más importante que la política, pero por la misma razón, tampoco es creíble una política que no ponga en cuestión abiertamente a la economía. Una economía que nos ha recordado de forma brutal que la lucha de clases sigue estando vigente y que, al menos la derecha no lo olvida. El "que se jodan" gritado desde los bancos del PP en el Parlamento es mucho más explícito y clarificador que cualquier discurso. Si los ricos pueden pagar su sanidad, su educación y su protección policial,€ ¿por qué razón deberían detraer parte de sus rentas para seguir atendiendo a una masa de proletarios cuya principal misión en la vida debe ser producir plusvalía para asegurar la reproducción del sistema?

La devastación que se cierne sobre los no privilegiados es similar a la que produce una guerra. La burguesía está ganando de nuevo una guerra civil sin necesidad de declararla abiertamente, y reforzando su conciencia de clase a base de reducir al contrario a la impotencia: modifica leyes a su antojo, suprime derechos, incumple promesas€ La izquierda, por el contrario, al aceptar reglas de juego comunes, deviene la imagen misma de la alienación y agiganta la distancia que la separa de las verdaderas aspiraciones populares. Los que sufren el paro, los desahuciados de sus casas, los que son mal y tarde atendidos en la sanidad, los que ven que sus hijos sin formación jamás pasarán de ser carne de cañón y mano de obra barata para el sistema, son más de cada día. Ya no se trata de un reducto de "lumpenproletariado" en los márgenes de la sociedad; ahora ya afecta a miles de familias que antes se sentían a salvo. El lumpen no vota ni actúa en política, pero los afectados de hoy y de mañana sí. Empieza a extenderse una desesperación creciente y la convicción de que mientras los políticos no sufran al mismo nivel que la mayor parte de la población la situación no comenzará a enmendarse. Los que ven acercarse la miseria, los que sangran, querrían ver sangrar a los responsables.

La vigencia de la lucha de clases ha golpeado sin miramientos a todos los que creían que ésta ya estaba superada por la historia y, aunque los ricos llevan muchos años de ventaja porque ellos jamás dudaron de ella, el resto de la población se verá en el imperativo, quiera o no, de buscar una salida. Que la izquierda sea capaz de ofrecerla antes que aparezca cualquier aventurero neofascista depende ante todo de un cambio de mentalidad, de lenguaje, de método y sobre todo de volver a situarse en el terreno que por tradición le corresponde en la vieja y nueva lucha de clases.

*Profesor de Historia Económica en la Universitat de les Illes Balears (UIB)

viernes, 16 de septiembre de 2011



Information Clearing House

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Hay un fenómeno interesante que podemos llamar “la confesión del político jubilado”. No quiero decir todas esas memorias exageradamente promocionadas, escritas por escritores fantasmas para todo tipo de altos ex funcionarios de alto rango. Me refiero a declaraciones de importantes dirigentes políticos y burócratas, retirados o a punto de dejar vacantes sus puestos, que nos dicen en público lo que realmente debemos hacer. Por ejemplo, lo que hay que hacer para obtener la paz, o apuntando exactamente a los que obstruyen la paz. Esas declaraciones pueden ser chocantes en su honestidad, pero por raro que sea, nunca se hacen, y menos todavía se  ponen en práctica, mientras el proclamador de verdades se encuentra en una posición de poder. Nos llegan solo con la jubilación o poco antes de la jubilación.

Por ejemplo, tomemos al ex primer ministro israelí Ehud Olmert. Olmert fue primer ministro desde 2006 (en reemplazo de Ariel Sharon, que sufrió una apoplegía) hasta principios de 2009. Unos meses antes de dejar su puesto Olmert dijo al periódico Yediot Aharonot que, a fin de cuentas, Israel tendrá que devolver “casi toda” Cisjordania a los palestinos, incluido Jerusalén Este. No existe otra manera de lograr la paz con el mundo árabe, siguió diciendo, “la decisión que tendremos que tomar es negar lo que nos hemos estado negando a contemplar con los ojos abiertos durante 40 años… Ha llegado la hora de decir estas cosas. Ha llegado la hora de ponerlas sobre la mesa.” Por cierto “la hora” coincidió extrañamente con un período en el cual el primer ministro no podía pasar de su visión de la teoría a la práctica.

Ahora tenemos otro ejemplo de este extraño fenómeno. Esta vez de EE.UU. Según Jeffrey Goldberg, corresponsal nacional de la revista The Atlantic, el ex secretario de Defensa Robert Gates, “en una reunión del Comité de los Principales del Consejo Nacional de Seguridad realizada poco antes de su retiro en este verano [2011]” dio su opinión de experto de que el gobierno israelí no mostraba gratitud por la asistencia de EE.UU. Eso, a pesar de lo que el gobierno de Obama había hecho por Jerusalén: “acceso a armas de máxima calidad, ayuda en el desarrollo de sistemas de defensa de misiles, inteligencia compartida a alto nivel… EE.UU. no había recibido nada a cambio”. Y además, a juicio de Gates el primer ministro Netanyahu está “poniendo en peligro a su país al negarse a encarar el creciente aislamiento de Israel…” Nadie en esa reunión de alto nivel estuvo en desacuerdo con este análisis.

Es agradable conocer el enojo públicamente revelado de Gates pero, como la epifanía de Olmert, significa poco en la práctica. Netanyahu ha sido grosero, artero y categóricamente desagradable hacia el presidente Obama en lo que en realidad fue una reedición de la conducta de Menachem Begin hacia Jimmy Carter a finales de los años setenta. El consejero nacional de seguridad de Carter, Zbigniew Brzezinski, aprendió a desconfiar de los dirigentes israelíes y más tarde, cuando ya no ocupaba su puesto, propugnó una línea cada vez más dura hacia Jerusalén. Por cierto, una vez sugirió un enfrentamiento militar con Israel si los dirigentes de ese país arriesgaban una guerra regional atacando instalaciones de desarrollo nuclear de Irán (sugirió que la Fuerza Aérea de EE.UU. derribara los aviones israelíes). Fue una sugerencia razonable en vista de lo que estaba en juego pero, claro está, se hizo cuando Brzezinski ya carecía de influencia.

Volviendo al artículo sobre la opinión negativa de Gates respecto a Netanyahu y su gobierno, Jeffrey Goldberg escribe que el ex secretario de Defensa realmente “articuló claramente lo que tanta gente en el gobierno parece creer”. Bueno. ¿Entonces, qué están haciendo al respecto? Absolutamente nada. Todos esperarán hasta que ya no tengan posiciones de influencia para pronunciarse y desahogarse. La situación es repugnante. Y es repugnante porque tanto en EE.UU. como en Israel (y sin duda alguna también en muchos otros países) hay dirigentes y consejeros que saben lo que hay que hacer en Israel-Palestina para que el mundo sea más seguro y estable, y a pesar de ello mantienen su reserva y no hacen nada.

¿Por qué no hacen nada estos dirigentes en asuntos de tanta importancia? Hay dos razones interconectadas:
1. En su libro de 1972 Victims of Groupthink [Víctimas del pensamiento grupal] Irving L.Janis muestra cómo las élites políticas gobernantes crean decisiones auto-reforzadoras que forman círculos que los aíslan de un cuestionamiento serio. Es raro que alguien dentro de esos círculos “piense afuera de la caja”. Sin embargo, resulta que la “caja” siempre tiene que poder acomodar las demandas e intereses de otros grupos cuyo dinero y poder apoyan la viabilidad política del “círculo”. Es un sistema que debe producir frustración y sentido de impotencia entre (los pocos) funcionarios que pueden ver las cosas con, aunque sea un poco, más claridad que sus pares. A propósito, no solo es un problema de las elites políticas. Seguramente existe en la mayoría de las estructuras organizativas. Solo que cuando tiene que ver con el gobierno lo que está en juego es tanto más importante para todos nosotros.

2. Atrapados como están en un sistema de política de grupos nacionales de interés que dictan la suerte de sus diversos partidos políticos y sus propias carreras, los que sean capaces de sospechar un mundo afuera de la caja guardarán silencio. La estrecha suerte de partido y carrera vale aparentemente más que la paz mundial. Vale más que las vidas de millones de civiles y soldados condenados. Vale más que la justicia de las naciones y pueblos. Algunas de estas personas solo recobran el habla cuando se ven libres de este sistema debilitador. Pero para entonces todo lo que les queda son palabras impotentes. Es lo que vemos en la aparición retrasada de críticas racionales y de análisis de fuentes inesperadas como Olmert y Gates.

Conclusión
¿Con que frecuencia leemos sobre individuos y grupos que cuando ven un accidente o un crimen simplemente observan y no hacen nada? Esa gente no quiere “verse involucrada”. Después, esa gente usualmente es muy tranquila y humilde. No quiere que sus vecinos sepan que solo observaron y no hicieron nada. Pero la posición de estos jubilados políticos que confiesan es bastante diferente. Ya están involucrados. Y ahora, a posteriori, esos tuertos en el mundo de los ciegos quieren que todos sepamos que han visto la luz. Maravilloso. ¡Ahora nos lo dicen!
Lawrence Davidson es profesor de historia en la Universidad West Chester, en Pensilvania, EE.UU. Su trabajo académico se concentra en la historia de las relaciones de EE.UU. con Medio Oriente. También da cursos en la historia de ciencia y de la historia intelectual moderna de Europa. http://www.tothepointanalyses.com/

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article29105.htm



martes, 30 de agosto de 2011

Para los pobres no hay pan


Mientras que a diario se nos dice en la prensa los opíparos sueldos que se asigna la clase política, resulta que para los pobres no hay pan.

Pascual Mogica Pascual Mogica 

 Decir a estas alturas que muchas son las familias que ya han traspasado el umbral de la pobreza adentrándose cada vez más ella, no deja de ser una obviedad, pero la realidad de las cosas siempre debemos tenerla presente y por ello se hace necesario que a la vista de todos se ponga a aquellos que dicen tener soluciones para una vida mejor, me refiero a la vida terrenal, no a la que nos prometa la Iglesia católica, y hay que hacerlo con pelos y señales para que todos se den cuenta de la hipocresía y del cinismo que son una constante en ellos.

Desde el Partido Popular, su líder Rajoy, no cesa de proclamar que no habrá recortes sociales cuando la realidad, viendo su forma de actuar, nos dice que en el Partido Popular irán más allá de recortar el gasto social. El pasado día 23 el diario El Plural nos daba cuenta de que la Xunta de Galicia que preside el “popular” Alberto Nuñez Feijoó, ha ordenado a los directores de los colegios públicos que prohíban el acceso al comedor a los alumnos que tengan alguna deuda, “por mínima que sea la cantidad”, con el centro, independientemente de las “circunstancias económicas o personales” de la familia, según manifiesta el citado diario que puntualiza la instrucción enviada a las escuelas.

Cuando se da el hecho de que en España, debido a la crisis, hay cientos de miles de familias que han pasado a ser pobres, muchas de ellas de solemnidad, mientras que a diario se nos dice en la prensa los opíparos sueldos que se asigna la clase política, resulta que para los pobres no hay pan. Cada vez tengo menos, pero también diría que más, claro que es lo que quieren decir con esa frase de “hay que acabar con los pobres”. Evidentemente no se refieren a acabar con la pobreza sino a acabar con la gente pobre por inanición, eso está muy claro. Los pobres molestan, hieren la vista, de aquellos que tienen en sus manos la riqueza y el poder, poder que no utilizan para acabar, o al menos mitigar, la pobreza y por tanto el hambre. Resulta estremecedor leer en el diario de referencia que la Consejería de Educación exige con claridad a los directores de los colegios mano dura en este asunto. “Las direcciones de los centros deberán verificar que los usuarios acerquen el justificante de pago a la Administración. Quien no lo acerque no tendrá derecho a utilizar el servicio y la dirección del centro deberá prohibirles el acceso”, afirma en su circular.

Se necesita ser desalmados para negar el pan a los que por circunstancias, motivadas por una crisis mundial, de la que los ciudadanos no son culpables sino el colectivo de políticos que dirigen el mundo. ¿Qué harán con esos niños que sus padres están sin trabajo y sin cobrar ningún tipo de subsidio y que si algo cobran no les llega ni para lo más necesario? ¿Se les condena al hambre? Menuda caterva de inútiles juegan con el destino de los ciudadanos de este mundo. No hay medios económicos para dar alimentos a aquellos que no disponen de trabajo y por tanto de dinero, pero si lo hay para pagar el sueldo a aquellos amiguetes “enchufados” que en la mayoría de los casos son verdaderos parásitos que están chupándole la sangre a la sociedad. Y encima te dicen que no van a haber recortes sociales como asegura Rajoy. Es de esperar que lo que queda de la izquierda actúe de forma distinta a como lo hace, como en este caso, la derecha.

Lo importante es solucionar la vida terrenal de las personas, porque de existir la vida celestial, esa ya se la han ganado con creces los que han pasado por todo tipo de situaciones siempre adversas y a cuál de ellas más terrible, dura y cruel, como es el caso de los pobres.

Diario SIGLO XXI.com