En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle. Gandhi.


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miércoles, 8 de enero de 2014

Carta abierta de una feminista a los hombres de buena fe

Sandra Ezquerra
Profesora de sociología de la Universitat de Vic
Hace un tiempo ya que desde la izquierda venimos reivindicando la importancia de batallar las  palabras y los conceptos, particularmente aquéllos que la derecha se ha apropiado  vaciándolos de contenido o bien malversándolos de forma sibilina hasta el punto de hacernos renunciar a ellos. Algunos ejemplos de los primeros serían el término “sostenibilidad” o “gobernanza” y del segundo mi favorito: la “vida” y su férrea defensa. Hace unos meses escribí sobre la necesidad de reivindicar, ante las intenciones del gobierno del Partido Popular de reabrir el debate sobre el aborto, la denominación de “pro-vida” desde el feminismo, y exponía una serie de razones por las que las feministas y personas defensoras de la libertad de elección de las mujeres preciamos en realidad la vida de manera más consistente, constante, leal y genuina que el ministro Gallardón y sus compadres anti-elección. Hoy vuelvo a reivindicar palabras secuestradas y empiezo esta carta apelando a la buena Fe (que no fe de la buena) de todos aquellos hombres que creen en el derecho de las mujeres a decidir sobre todos los aspectos que conciernen a nuestro cuerpo y consideran la interrupción voluntaria del embarazo como un asunto de libertades y no de código penal.
Estimados hombres de buena fe,
Espero, antes que nada, que el apelativo utilizado en esta carta no les ofenda ni confunda. Entiendo por hombres de buena fe a todos aquéllos que quieren, y creen que es posible, hacer del mundo un lugar mejor. Ello pasa por, entre muchas otras cosas, garantizar la igualdad efectiva de derechos entre hombres y mujeres. También pasa por evitar que las mujeres, así como nuestros cuerpos, nuestros sueños y nuestras vidas, continúen siendo escudriñados tanto por aquellos que no ven problema alguno en tocarnos el culo al cruzarse con nosotras por la calle como por los que  intentan teledirigir nuestro útero desde un púlpito o una tribuna.
Tras haberlo sopesado cuidadosamente, me pongo en contacto con ustedes para compartir mi honda preocupación por el anteproyecto de ley del aborto cuyo contenido el ministro de justicia hizo público el 20 de diciembre y el cual, de salir adelante, conllevaría uno de los mayores retrocesos que las mujeres hemos vivido en nuestros derechos y en nuestra dignidad desde la mal llamada Transición. No dudo que estarán al corriente, como tampoco dudo que entenderán mi profundo desasosiego, pero les escribo estas líneas para plantearles la cuestión no como algo que ataña exclusivamente a las mujeres sino como algo que resulta de enorme importancia para cualquier sociedad que guste llamarse libre o democrática.
No entraré en exponer ni analizar el anteproyecto, cuyo preocupante contenido estoy segura que de sobras conocen. Si que querría, no obstante, hablarles del importante papel que a mi parecer pueden (y deben) tener para detenerlo. Es esta carta, pues, un reclamo de complicidad y de apoyo.
Ustedes y yo sabemos que ni el derecho de las mujeres a decidir sobre nuestro cuerpo ni otras reivindicaciones feministas han gozado hasta el momento de un lugar central en las preocupaciones de los hombres de buena fe. Las protestas del último año contra la reforma anunciada por el Partido Popular no sólo han contado con pocos de ustedes entre sus filas sino que tampoco han figurado en los listones más altos de las prioridades políticas de organizaciones ni movimientos. La izquierda, y particularmente sus hombres, no han sabido o querido hacer suya la batalla por el derecho a decidir de las mujeres, y se han limitado en la mayoría de los casos a acompañarla desde la distancia y la distracción. En aras de la justicia reconozco que en los últimos años no nos han faltado precisamente razones para salir a la calle y ello puede haber contribuido a una cierta fragmentación de los mensajes, pero para ser justos también cabría no olvidar que antes de que estallara esta crisis el panorama no era mucho mejor. Sin embargo, no me propongo con estas líneas realizar reproches estériles o culpabilizaciones fútiles.
Lo que pretendo decirles es que todavía estamos, están, a tiempo. Nunca es tarde si la fe es buena. Y es por ello que les hago llegar dos peticiones. En primer lugar, les suplico, les pido, les exijo, que se tomen la reaccionaria reforma del Partido Popular muy en serio y que actúen en consecuencia. Con lo que hay en juego en estos momentos, no debería haber desayuno compartido, manifestación convocada, movilización organizada, huelga general mencionada e incluso moción de censura susurrada que no se encuentre estrechamente vinculada con la embestida que los derechos de las mujeres están recibiendo en estos momentos en el Estado español. De la misma manera que el racismo no será erradicado hasta que las y los blancos estemos dispuestos a dar un contundente paso adelante, de la misma manera que la ley de extranjería no será suprimida hasta que la población autóctona se posicione al lado de las y los inmigrantes que sufren su maltrato y violencia institucional, las mujeres necesitamos que los hombres hagan suya nuestra lucha: por compañeras, por hermanas, por amigas, pero sobre todo por sentido común y coherencia.
Mi segunda petición quizás resulte algo más osada. Como saben el señor Gallardón se vanagloria de estar a punto de retirar a las mujeres como sujeto punible de la criminalización del aborto y, a cambio, cualquier otra persona implicada directa o indirectamente en su realización se verá castigada. Hace unos años, miles de mujeres en todo el Estado español se autoinculparon de haber realizado un aborto y un número de hombres las secundaron aduciendo que habían apoyado a alguna a hacerlo. El objetivo entonces fue mostrar rechazo hacia los ataques de la extrema derecha sobre mujeres y profesionales de la salud, así como visibilizar la vulnerabilidad a la que nos condenaba la legislación del 85.
Como parece ser que con el actual anteproyecto las mujeres nos convertiríamos en pobres víctimas inconscientes ante las maldades de las clínicas abortistas y allegados, quizás no tendría mucho sentido que en estos momentos realizáramos la misma campaña. Sin embargo, se me ha ocurrido una idea, y aquí es donde entran ustedes: a pesar de que el señor ministro no ha explicitado aún quién compondrá el círculo de los punibles, imagino que éste podría incluir a novios, maridos, hermanos, primos, amigos, vecinos, celadores, enfermeros, médicos, taxistas, ambulancieros, padres, abuelos, hijos, suegros y un larguísimo etcétera. ¿No sería entonces impresionante que, en respuesta, todos los hombres de buena fe realizaran una masiva campaña de autoinculpación y desobediencia para dejarle bien claro a los señores Gallardón y Rajoy que su (contra)reforma es absolutamente inaceptable? ¿Para que el señor Rouco aprenda de una vez por todas que con los derechos de las mujeres no se juega? Nosotras ya estamos librando la batalla pero será mucho más fácil ganarla si no la libramos solas.
Me emociono al imaginar los titulares: “decenas de juzgados en todo el Estado español colapsados por miles de autoinculpaciones de hombres partícipes en abortos”; “Huelga ciudadana convocada para paralizar la reforma del aborto de Gallardón”, “los sindicatos declaran paro indefinido hasta que Gallardón retire su anteproyecto contra las mujeres y dimita”, “el feminismo no está solo”, “el feminismo se extiende”, “los hombres de este país se niegan a que el gobierno controle el cuerpo de las mujeres”, “los movimientos sociales rodean el congreso para paralizar la nueva norma del aborto”.
Con esto les dejo. Deseándoles un buen año que justo empieza, esperando que mi atrevimiento no les haya importunado y rogándoles que consideren detenidamente. No les habría molestado si no lo considerara realmente importante. Piénsenlo, por favor, y a ver si uniéndonos no sólo les arrebatamos el monopolio de las palabras sino, de paso, empezamos a repensar cómo trabajamos juntos para echarlos a ellos, finalmente y de verdad.
De verdad de la buena. Esta vez sí.

domingo, 25 de agosto de 2013

La Historia se Repite

Extracto del clásico de Milton Mayer sobre la Alemania nazi "Pensaban que Eran Libres. Los Alemanes, 1933-45"  (1955)

"De lo que parece que nadie se daba cuenta," me dijo un colega, un filólogo, "era del abismo cada vez mas grande, después de 1933, entre el gobierno y la gente. Piense en lo grande que era este abismo desde el principio, aquí en Alemania. Y siempre estaba creciendo. Sabe, la gente no se siente más cercana al gobierno sólo por que se les dice que es un gobierno de la gente, una democracia de verdad, o por alistarse en la defensa civil, o incluso por votar. Todo esto tiene poco, nada que ver con el hecho de saber que uno está gobernando.

"Lo que pasó aquí fue que la gente se acostumbró poco a poco a ser gobernada por sorpresa, a encajar decisiones tomadas deliberadamente en secreto, a creer que la situación era tan complicada que el gobierno tenía que actuar en función de una información que la gente no podía entender, o tan peligrosa que no podría ser liberada por razones de seguridad nacional. Y la sensación de identificación con el líder, su confianza en él, hizo que fuera mas fácil que este abismo creciera, tranquilizando a aquellos que de otro modo estarían preocupados.


Grafiti de Banksy
"Esta separación entre el gobierno y su gente tuvo lugar de forma gradual e imperceptible, cada paso disimulado (quizás no de forma intencionada) como medida temporal de emergencia o asociado con un auténtica lealtad patriótica, o con propósitos sociales reales. Y todas estas crisis y reformas (reformas reales también) ocupaban tanto a la gente que no veían el lento movimiento de trasfondo, el proceso del gobierno alejándose cada vez más."

"Vivir en este proceso es no ser capaz de notarlo en absoluto -por favor trate de creerme- a no ser que uno tenga un grado de consciencia política, de agudeza, muy superior a la que la mayoría de nosotros tuvo jamás ocasión de desarrollar. Cada paso era tan pequeño, tan inconsecuente, tan bien explicado o, en ocasiones, lamentado, que, a no ser que uno estuviera distanciado de todo este proceso desde el principio, a no ser que uno entendiera de qué trataba esto, qué eran estas "pequeñas medidas" que ningún "patriótico alemán" podía resentir, uno no lo veía evolucionando día a día más que un granjero ve el maíz creciendo en sus campos. Un día pasa por encima de su cabeza.

"Sabe," mi amigo continuaba, "uno no ve exactamente adónde o cómo moverse. Créame, esto es cierto. Cada acto, cada ocasión, es peor que la anterior, pero solo un poco peor. Esperas a la siguiente y a la siguiente. Esperas una gran y estremecedora ocasión, pensando que otros, al llegar, se unirán a ti para oponerse de alguna manera. No quieres actuar ni siquiera hablar solo, no quieres "salirte de tu camino y causar problemas". ¿Por qué no? Bueno, no estas acostumbrado a hacerlo. Y no es sólo el miedo, el miedo por si solo, este te frena, también es una genuina incertidumbre.

"Pero la gran ocasión estremecedora, cuando docenas, cientos o miles han de unirse a ti, nunca llega. Esa es la dificultad. Si el último y peor acto de todo este régimen hubiera llegado después del primero y más pequeño, miles, sí, millones se hubieran asustado lo suficiente. Por ejemplo, si el gaseo de judíos hubiera llegado inmediatamente después de las pegatinas con la "Firma Alemana" en las ventanas de las tiendas de los no judíos en el 33. Pero por supuesto, no es así como funciona. En medio están los cientos de pequeños pasos, algunos de ellos imperceptibles, cada uno de ellos preparándote para que no te asustes con el siguiente. El Paso C no es mucho peor que el Paso B, si no te opusiste al Paso B, ¿por qué te ibas oponer al Paso C? Y así llega el Paso D.

Grafiti en Lisboa
"Y un día, demasiado tarde, tus principios, si alguna vez fuiste sensible a ellos, de repente llegan de golpe. La carga del autoengaño se ha hecho demasiado pesada, y algún pequeño incidente, en mi caso mi hijo pequeño, poco más que un bebé, diciendo "cerdo judío", hace que de repente todo se venga abajo, y ves que todo ha cambiado bajo tus narices. El mundo en el que vives, tu país, tu gente, no es en absoluto el mundo en el que naciste. Las formas están todas ahí, todas sin tocar, todas reconfortantes, las casas, las tiendas, los trabajos, las comidas, las visitas, los conciertos, el cine, las vacaciones. Pero el espíritu, el cual nunca notaste porque siempre cometiste el error de identificarlo con las formas, ha cambiado. Ahora vives en un mundo de odio y miedo, y la gente que odia y teme ni siquiera lo sabe, cuando todo el mundo ha sido transformado, nadie se ha transformado. El sistema mismo no pudo haber pretendido esto desde el principio, pero para mantenerse se vio forzado a llegar hasta el final."


http://www.hispaleaks.es/2013/08/alemania-1933-usauk-2013.html