En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle. Gandhi.


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domingo, 3 de febrero de 2013

El Gobierno de Islandia expulsó al FBI por investigar el caso Wikileaks


En agosto de 2011, el FBI llegó a Islandia con la intención de investigar el caso Wikileaks. Sin embargo, lo hizo sin avisar a las autoridades de la isla, por lo que el Gobierno de Islandia expulsó al cuerpo de seguridad del país y después envió una queja formal a Estados Unidos.
El Gobierno de Islandia expulsó al FBI
El encargado de hacerlo fue el ministro de Interior islandés, Ögmundur Jónasson, quien se reunió con estos agentes cuando tuvo noticias de su presencia en la isla, según recoge el medio estatal RUV, que entrevistó a varios de los implicados (entre ellos, el propio Jónasson).
El Gobierno de Islandia se ha mostrado en varias ocasiones a favor de Wikileaks y muy crítico con la actitud de Estados Unidos a la hora de tratar de conseguir información sobre el portal de filtraciones y quienes participan en él.
De hecho, una parlamentaria islandesa, Birgitta Jónsdóttir, es una de las personas cuya información han obtenido las autoridades estadounidenses, motivo por el que se niega a salir de Islandia, pues teme ser detenida por su supuesta vinculación con Wikileaks.
En cualquier caso, según la información publicada, los agentes llegaron en un avión privado y comenzaron su investigación, en el curso de la cual contactaron con la policía islandesa, entre otros, para recabar información, lo que hizo que la noticia de su presencia en el territorio llegase a oídos del Ejecutivo.
Cuando el ministro de Interior tuvo conocimiento de esta actividad, aparentemente se reunió con los miembros del FBI que había en el país y les explicó que el Gobierno de Islandia no permitiría que un cuerpo de seguridad extranjero llevase a cabo su propia investigación en su territorio. Después, ordenó que volviesen a Estados Unidos y, tras una reunión, el país envió una queja formal a través del ministro de Exteriores, Össur Skarphéðinsson.
Ahora toda la situación ha visto la luz gracias, precisamente, al periodista y portavoz de Wikileaks Kristinn Hrafnsson. Sin embargo, el ministro de Interior, aunque corroboró la mayor parte de la historia, negó saber cuántos agentes había, aunque sí reconoció que exigieron conocer cuál era el motivo de esta imprevista visita.

domingo, 10 de junio de 2012

Islandia crece al ritmo más rápido desde el colapso de su sistema financiero

La economía islandesa se expandió a su ritmo más rápido en los últimos cuatro años, impulsada por las exportaciones, el turismo, y el consumo interno. El presidente de Islandia que se enfrentó al Reino Unido y al sistema financiero mundial.

En concreto, el PIB se incrementó un 2,4% intertrimestral en el primer trimestre del año y un 4,5% interanual, lo que suponen las mejores cifras desde el primer trimestre de 2008, justo antes de que implosionara su sistema financiero.

"Los datos muestran que la economía está creciendo más rápido si lo comparamos con el entorno internacional", destacó a Reuters el economista jefe de Islandsbanki, Ingolfur Bender. En el cuarto trimestre de 2011, Islandia creció un 1,9% intertrimestral y un 2,7% interanual.

La recuperación de la economía de la pequeño isla está ganando momentum más rápido de lo esperado después de convertirse en el máximo exponente de la crisis financiera en Europa, con un sector financiero que llegó a ser 10 veces el tamaño del PIB y que se volatilizó tras el colapso de Lehman Brothers.

Islandia saltó a la fama mundial tras no rescatar a su banca y juzgar a algunos banqueros y políticos. Con un programa del FMI consiguió volver a los mercados el año pasado, y su "heterodoxa respuesta" fue alabada por las agencias de calificación. Ahora, las previsiones para este año apuntan a que en 2012 será el país con mejor crecimiento entre las economías occidentales. 

Las inversiones están mejorando y el turismo está subiendo gracias a la debilidad de la corona islandesa, que también se hundió con la crisis. En mayo, según los datos de Islandsbanki, se batió el récord de llegada de turistas.

Más en concreto, los datos muestran que las exportaciones y el consumo interno crecieron un 4,2% interanual entre enero y marzo, mientras que la inversión se incrementó un 9,3%, aunque sigue en niveles bajos en comparación con los niveles precrisis.

martes, 6 de septiembre de 2011

Empieza el juicio contra el ex Primer Ministro islandés por negligencia en la crisis de 2008



Geir Haarde está acusado de negligencia en el cumplimiento de sus obligaciones, por su gestión de la crisis financiera de 2008, durante la que los tres principales bancos islandeses se colapsaron y el país entró en recesión.
El problema tomó cariz internacional, ya que uno de los bancos contaba con unos 4.000 millones de euros de inversores británicos y holandeses.
Aprovechando el comienzo del juicio, el Presidente islandés Olafur Ragnar, ha criticado a los países europeos unirse con el Reino Unido y Holanda para presionar a su ejecutivo con el fin de que indemnice a los inversores de ambos países.
Una medida que la población islandesa rechazó en dos consultas populares, cuando se planteó que las arcas islandesas no sólo compensasen a los afectados nacionales, sino también a los extranjeros. La posibilidad desencadenó además numerosas protestas.
El proceso será llevado por el Landsdómur, un tribunal especial para altos políticos que nunca antes había actuado desde su creación en 1905.
El ex Primer Ministro, que podría ser condenado a dos años, defiende que se trata de una venganza política. La opinión pública está dividida. Algunos consideran que se toma al ex dirigente como cabeza de turco de una crisis que era inevitable.

viernes, 24 de junio de 2011

HÖRDUR TORFASON | Instigador de la revolución islandesa



Hördur Torfason (Reikiavik, 1945) es un actor profesional islandés que un sábado de octubre de 2008, al estallar la brutal crisis financiera en su país, se plantó frente al Parlamento y empezó a plantear a los transeúntes que tenían que tomar cartas en el asunto. La presión popular ha logrado que banqueros y políticos rindan cuentas. Para muchos indignados, Islandia y los islandeses (que son 320.000, equivalente a los vecinos de Valladolid) son el modelo.

Pregunta. ¿Qué le trae por España?
Respuesta. Vine porque me pidieron que viniera, la gente me ha invitado. Vengo a título personal porque me interesa lo que está pasando, aprender, compartir.

P. Usted, sus compatriotas, son el ejemplo para muchos manifestantes. ¿Qué les ha convertido en unos héroes para el Movimiento 15-M?
R. Que reaccionamos inmediatamente, en octubre 2008. Yo promoví manifestaciones del 11 de octubre de 2008 al 14 de marzo de 2009. Fue un éxito. Planteamos tres exigencias. Las elaboré a base de hablar con la gente. Les pregunté ¿Qué queréis hacer? El resultado fue: el Gobierno islandés, el consejo de administración del banco nacional y el consejo de administración de la autoridad supervisora monetaria deben dimitir. Mantuve las manifestaciones durante cinco meses hasta que estas demandas se cumplieron.

P. Ha estado ya en Barcelona, Córdoba y Palma, ¿qué impresión tiene del movimiento de protesta, de los indignados?
R. Estoy alucinado de lo organizados que están, de lo claras que tienen las ideas, de cómo debaten… En Islandia caminé por aquí y por allá preguntando a la gente. Me llevó tres o cuatro semanas que calara el mensaje. Aquí tenéis 46 millones de personas y os llevará tiempo.

P. ¿Qué les recomendaría a los indignados, qué pasos les aconseja?

contnuar leyendo: El País

martes, 21 de junio de 2011

Reunión con HÖRDUR TORFASON, líder de la revolución islandesa


Reunión con HÖRDUR TORFASON, líder de la revolución islandesa

Sala Azul de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM

REUNIÓN CON HÖRDUR TORFASON, una de las referencias principales de la revolución islandesa, miércoles, 22 de junio · 18:00 - 21:00

MIÉRCOLES 22 DE JUNIO

- 13:00 horas. Recepción de bienvenida en el Punto de Información de Puerta del Sol.

   Solo foto y toma de imágenes (Torfason hará declaraciones en rueda de prensa el jueves)

- 18:00 horas. Conferencia: Hördur Torfason, la revolución islandesa en primera persona
 
Lugar: Sala Azul de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de      Madrid.

Presenta: Juan Carlos Monedero, Profesor de Ciencias Políticas de la UCM y participante de la Comisión de Política a Corto Plazo de Acampada Sol,

JUEVES 23 DE JUNIO

- 12:00 horas. Rueda de prensa en el Ateneo de Madrid. Sala Ciudad de Úbeda.

C/ Prado, 21, Madrid.

Rogamos confirmación de asistencia a la rueda de prensa a este mail: islandiaenmadrid@gmail.com

- 19:00 horas. Hördur Torfason acudirá a la Puerta del Sol.

miércoles, 8 de junio de 2011

Islandia vuelve a crecer en el primer trimestre de 2011

El ex primer ministro niega ante el juez haber actuado con negligencia ante el colapso del sistema bancario

AGENCIAS - Madrid - 08/06/2011 

Islandia sale de la recesión. El Producto Interior Bruto (PIB) islandés creció el 2% en el primer trimestre del año con respecto a los tres últimos meses de 2010, según las estadísticas oficiales publicadas hoy. La mejora se produce después de que el país nórdico retrocediera el 1,5% en el último periodo del año pasado.

El sistema bancario islandés, desproporcionado en relación con el resto de la economía, se vino abajo tras el estallido de la crisis financiera internacional, provocando que el país necesitara la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI). Ese colapso de las entidades ha llevado a sentarse en el banquillo de los acusados a varios banqueros, así como al ex primer ministro conservador, Geir H. Haarde.

El juicio contra Haarde ha comenzado precisamente hoy. El político ha negado las acusaciones de negligencia que hace la Fiscalía, fundamentadas, básicamente, en la presunta violación de la ley de responsabilidad de los ministros y la no actuación frente a la inminente crisis bancaria de la que se le venía advirtiendo.

El exmandatario islandés, de 60 años, tildó de "ridículas" las acusaciones antes del inicio del proceso y defendió que las medidas adoptadas por su gobierno previas al colapso económico "resultaron ser correctas".
Haarde se arriesga a una pena de cárcel de dos años, después de que el Parlamento islandés (Althingi) diera luz verde al proceso en septiembre pasado, siguiendo el consejo del informe de una comisión investigadora creada para determinar las responsabilidades en la crisis.

El País 

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Islandia enjaula a sus banqueros




lunes, 11 de abril de 2011

Islandia enjaula banqueros Analisis en TVC Neuquen Argentina

Noticias sobre Islandia

Islandia rechaza en referéndum pagar por los errores de sus bancos

El 'no' vence en la consulta celebrada ayer para aprobar la indemnización de 4.000 millones de euros que exigen Reino Unido y Holanda por la quiebra de una entidad

CLAUDI PÉREZ - Madrid - 10/04/2011

¿Qué haría usted si uno de los grandes bancos españoles hubiera quebrado en Reino Unido y el Gobierno británico exigiera a España un pago de 50.000 euros por familia para saldar esa deuda? Islandia, que ya se había negado en una ocasión a pagar esa factura, se enfrentó ayer a un segundo referéndum sobre si aprueba -o no- devolver a Reino Unido y Holanda 4.000 millones de euros por la bancarrota de una de sus entidades financieras. Y han vuelto a decir no: según los resultados aún parciales, con el 70% de las papeletas escrutadas, el 57,7% de los votantes han rechazado hacerlo, frente al 42,3% que lo han aprobado.
El resultado puede interpretarse como un triunfo de la denominada revolución de las cacerolas:sí habría empañado el ejemplo islandés, al que se agarra cada vez más gente en la periferia de Europa, por la irritación que provoca el empeño de Bruselas y el BCE en defender a los bancos aun a costa de una oleada de austeridad y recortes draconianos.
"Es una decisión difícil. Probablemente lo mejor sea votar no, pero eso va a acarrear enormes problemas a corto y medio plazo". Interrogado por el referéndum, el economista Magnus Skulasson no tenía aún nada claro, a media tarde de ayer, el sentido de su voto. Las encuestas tampoco dan un ganador con seguridad: el  -es decir, pagar por los desmanes de la banca- parecía claro ganador hace dos meses, pero los sondeos se han dado la vuelta en los últimos días.
El referéndum fue convocado hace dos meses por el presidente islandés, Oláfur Ragnar Grímsson, que se negó a firmar una ley del Parlamento que estipulaba las condiciones del acuerdo: un pago con intereses del 3% a 37 años. Grímsson es reincidente: en diciembre de 2009 ya forzó una consulta similar, cuando contra todo pronóstico se negó a firmar una ley que obligaba a pagar con intereses del 5,5% en 15 años. El no ganó entonces de forma arrolladora. "Las antiguas condiciones de pago eran muy injustas: las nuevas son mejores, pero si los islandeses van a tener que cargar con una deuda de sus bancos deben tener derecho a decidir. Islandia es una democracia, no un sistema financiero", declaró Grímsson a este diario hace unos días.
La disputa viene de lejos. A mediados de la pasada década, uno de los grandes bancos islandeses, Landsbanki, abrió una filial por Internet en Reino Unido, Holanda y Alemania que tuvo un éxito fulgurante por los altos intereses que pagaba en una cuenta llamada Icesave. A principios de octubre de 2008, apenas 15 días después de la quiebra de Lehman Brothers, el Reino Unido detectó que los bancos islandeses estaban traspasando dinero de las cuentas británicas a Reikiavik y les aplicó la ley antiterrorista: congeló todos sus fondos. Los bancos estaban sobreendeudados (sus activos suponían 12 veces el PIB), y esa decisión, junto a la crisis internacional, les llevó a la bancarrota. El Estado no los rescató. Los dejó caer, y posteriormente los nacionalizó e inyectó dinero para que siguieran operando, pero solo en Islandia. Londres y Ámsterdam pagaron a los depositantes de Icesave (unas 300.000 personas) el 100% de los depósitos y desde entonces reclaman ese dinero. Eso suma 4.000 millones: tal vez no parezca una cifra desorbitada, pero es un tercio del PIB islandés.
El Gobierno, en cambio, defendía el  en el referéndum aduciendo que los activos del banco quebrado, cuando se liquiden, permitirán pagar la mayoría de la deuda. Los partidarios del no argumentaban que la gente no debería pagar por las locuras de sus bancos, y aducen que la legislación internacional -llena de sombras- no obliga a ningún país a asumir deudas astronómicas que sobrepasan con mucho el importe acumulado en los fondos de garantía.
Frágil recuperación
Islandia sigue sumida en una profunda crisis, tras los acontecimientos que acabaron en laquiebra del sistema bancario y que obligaron al país a acudir al FMI. Entonces la Bolsa se desplomó, la corona islandesa perdió el 80% de su valor y la caída del PIB ha sido del 15%. El paro ha pasado del 1% al 8%, hay controles de capital -corralito-, ha habido fuertes subidas de impuestos y recortes del gasto público. La incipiente recuperación es aún muy frágil. Y esa fragilidad puede aumentar en caso de que el no salga vencedor: el Ejecutivo avisó a la población de que el rechazo llevaría el caso a los tribunales, donde la factura puede llegar a ser mucho mayor. Además, si los activos del banco quebrado son menores de lo esperado y la corona vuelve a caer, las cifras se dispararían.
La consulta tendrá también efectos colaterales en el ámbito político. La negativa deja en una difícil posición al Gobierno de coalición entre socialdemócratas y rojiverdes, y complicaría el acceso de Islandia a la UE y los créditos con el FMI y otros países nórdicos. Los islandeses saben todo eso, y aun así ha ganado el no. "Tenemos la opción de acabar con este desafortunado asunto con dignidad, o embarcarnos de nueva en un periodo de incertidumbre", avisó ayer el ministro de Finanzas, Steingrimur Sigfusson. "De acuerdo: pero la crisis ya está siendo lo suficientemente dura. No quiero pagar más", terció el director de cine Arni Sveinsson.
Decepción británica
La reacción de Reino Unido no se ha hecho esperar. El secretario jefe del Tesoro británico, Danny Alexander, ha expresado hoy su decepción ante la negativa de los islandeses a pagar por el colapso de
los bancos:"Está claro que el rechazo declarado por el pueblo islandés a lo que era un acuerdo negociado ha sido obviamente decepcionante", declaró Alexander. "Por supuesto que respetamos su decisión, pero ahora vamos a hablar con nuestros socios internacionales, y parece que este proceso terminará en los tribunales", añadió

domingo, 10 de abril de 2011

Islandia - Una salida plácida de la crisis

8 abril 2011 Mediapart París
Reikiavik, abril de 2011.
Reikiavik, abril de 2011.
Bloomberg via Getty Images

Mientras en el continente los países europeos víctimas de la crisis de la deuda multiplican planes de austeridad impopulares, Islandia, que ha decidido dejar que sus bancos quiebren, sale lentamente de la encrucijada. Y, con el referéndum del 9 de abril, los islandeses podrían negarse a devolverles el dinero a los acreedores internacionales del banco Icesave.
 
Es imposible no reparar en ella en las calles de Reikiavik, ya que la obra es enorme y desentona en una capital con arquitectura baja: una catedral de hormigón negro y cristal recubierta de celdas reflectantes está en proceso de ensamblaje frente al mar. El Harpa, ideada por el célebre artista danés Olafur Eliasson, servirá al mismo tiempo de sala de ópera y palacio de congresos para Islandia. A pesar de los temores que anunciaban la interrupción de los trabajos, el edificio será inaugurado por fin el próximo 4 de mayo.
Tras el hundimiento bancario de la isla en octubre de 2008, el grupo Portus, el inversor privado que financiaba este proyecto estimado en un principio en 12.000 millones de coronas (74 millones de euros), ha tenido que pedir ayuda al Gobierno y al ayuntamiento de Reikiavik para que la obra pudiese continuar. El Ejecutivo no se ha resistido y este florón arquitectónico verá finalmente la luz del día. Pero, ¿adónde se ha ido la crisis islandesa?

Islandia, todavía afectada por su casi quiebra, no se ha lanzado de cabeza a una austeridad de tomo y lomo. A contracorriente de las tendencias dominantes en el continente, la isla ha decidido tomarse un poco más de tiempo que otros para realizar su “ajuste presupuestario”. De modo que aquí los proyectos siguen avanzando. Sus medidas de ahorro conciernen al 10% del Producto interior bruto (PIB) en tres años. Nada que ver con otra isla con la que se la compara a menudo, también fuertemente golpeada por la crisis. Irlanda prevé reducir su déficit del 32 al 9% solo durante el año 2011.

Islandia está saliendo a flote

En la actualidad, Reikiavik dice haber restablecido el crecimiento, esperado en torno a un 3% este año, y reduce su deuda sin forzar demasiado. ¿Cómo ha conseguido salir a flote esta minúscula economía (320.000 habitantes) en dos años? Los economistas adelantan tres explicaciones: la devaluación de la corona islandesa. La divisa se hundió un 40% a finales de 2008 y las exportaciones de aluminio y de pescado cayeron acto seguido. El principio del “too big to save” (demasiado grande para ser salvado): es exactamente lo contrario del “too big to fail” (demasiado grande para quebrar), que prevalecía tanto en Estados Unidos como en Europa hasta la actualidad, y que obliga a los Estados a salvar a los bancos más importantes de su sistema bancario para evitar las quiebras en cadena.

En Islandia, los activos de los tres grandes bancos de la isla eran demasiado grandes (hasta diez veces el PIB de 2007…) para ser salvados en su totalidad, y el Estado se limitó a recomprar los activos “internos”, es decir, los préstamos de los particulares y de las empresas de Islandia. Los accionistas tuvieron que asumir las pérdidas sobre los activos extranjeros, los más numerosos. Una austeridad menos severa que en otros lugares, decidida de acuerdo con los agentes sociales. En 2009 se firmó un pacto de “estabilidad social” dirigido a evitar los recortes en el sector social.Si bien se perfila la recuperación, impulsada por las exportaciones de esta economía tan abierta, las familias endeudadas aún están lejos de recuperar el aliento.

El consumo disminuye, situándose un 20% por debajo de los niveles anteriores. La tasa de paro ha vuelto a caer en torno al 7%, tras haberse disparado hasta el 9,7%. Nada que ver con Irlanda, cuya tasa de paro supera el 14%. Sigridur Gudmunsdottir forma parte de estos miles de islandeses víctimas de una crisis que ellos no han provocado. Ella tenía un “2007 job”, un trabajo cómodo y bien pagado de la época de la euforia de la primera década del siglo XXI. “Oímos decir que hemos festejado demasiado, que hemos consumido demasiado, que hemos pedido demasiados préstamos. Pero esto es falso: solo una ínfima parte de los islandeses ha realmente disfrutado de todo eso”, dice con nerviosismo.

Un abismo entre la clase política y los ciudadanos atrapados

Despedida en el momento más fuerte de la recesión, Sigridur ha retomado a los 50 años sus estudios universitarios. “Esto me permite beneficiarme de ayudas a estudiantes, que son más elevadas que las ayudas para los desempleados”, explica. En 2006 contrató un préstamo inmobiliario de 11 millones de coronas (68.000 euros) para comprarse una casa. Indexado en parte a la inflación, el préstamo que había contratado se disparó tras la crisis a 14 millones de coronas (86.000 euros). A lo largo de los meses se encontró acorralada: por un lado, el volumen de su préstamo aumentaba, mientras que por el otro, el valor real de su casa se desplomaba.

A día de hoy, Sigridur todavía no sabe muy bien cómo va a conseguir pagar sus deudas, pero no se queja: “Algunos islandeses están en situaciones mucho peores. Todos los que habían contratado préstamos en divisas extranjeras están realmente mal”. En Islandia no se refunfuña. Después de todo, la vida en las islas siempre ha sido dura. ¿Exiliarse como muchos otros? “Es imposible, estoy demasiado unida a mis raíces islandesas”. ¿La recuperación islandesa? “Pregunten en la calle, nadie cree en eso, en la recuperación…”.

Al escuchar las conversaciones en Reikiavik se observa que existe un gran abismo entre una clase política convencida de que ya ha pasado la página de la crisis, y los ciudadanos atrapados en la casi quiebra de la isla y que se esfuerzan por reactivarse. En la Islandia post colapso se sigue hablando de PIB, de déficit público, y de convertirlos en los únicos indicadores pertinentes de las políticas en curso. Aquí al igual que en Europa. Pero tras haber obligado a ir a la quiebra a ciertos bancos y de haber adoptado una austeridad “ligera”, será necesario que la isla se decida a adoptar instrumentos de medida alternativos para valorar el bienestar de su población.

Referéndum

¿Hacia una exclusión de la comunidad internacional?

Un acto “indigno de un jefe de Estado en una democracia representativa”: el diario Svenska Dagbladet está muy molesto con el presidente islandés, Ólafur Ragnar Grímsson, que se ha negado por segunda vez a rubricar el acuerdo de indemnización a Gran Bretaña y los Países Bajos por los millones que ambos países tuvieron que pagar a los ahorradores del banco en línea arruinado Icesave. Resultado: un nuevo “referéndum que provoca división y con un desenlace arriesgado” [el 9 de abril], tras el rechazo del más del 90% de los islandeses al primer acuerdo negociado el año pasado. Sin embargo, insiste el diario sueco, el Gobierno insular ha “dedicado, con éxito, todas sus energías durante el pasado otoño a la negociación de un acuerdo más favorable para Islandia”. En caso de victoria del “no”, la isla se hallaría ante “dos escenarios draconianos: o bien la amenaza de una exclusión de la comunidad internacional, o bien un proceso judicial laborioso con Gran Bretaña y los Países Bajos”. Para Die Presse, este referéndum “le hace sombra a las relaciones bilaterales” con la Unión Europea, ya que las negociaciones de adhesión comenzaron en junio de 2010. Pero el diario vienés indica que “Islandia quiere sustituir lo más rápidamente posible la corona por el euro”. La moneda única “aportaría más estabilidad” a una isla que lucha por recuperar su prosperidad pasada.

pressurop 

lunes, 4 de abril de 2011

REPORTAJE: Primer plano Islandia enjaula a sus banqueros

La primera víctima de la crisis financiera hace un valiente intento de pedir responsabilidades

CLAUDI PÉREZ 03/04/2011

Se busca. Hombre, 48 años, 1,80 metros, 114 kilos. Calvo, ojos azules. La Interpol acompaña esa descripción de una foto en la que aparece un tipo bien afeitado embutido en uno de esos trajes oscuros de 2.000 euros y tocado con un impecable nudo de corbata. Se ve a la legua que se trata de un banquero: este no es uno de esos carteles del salvaje Oeste. La delincuencia ha cambiado mucho con la globalización financiera. Y sin embargo, esta historia tiene ribetes de western de Sam Peckinpah ambientado en el Ártico. Esto es Islandia, el lugar donde los bancos quiebran y sus directivos pueden ir a la cárcel sin que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas; la isla donde apenas medio millar de personas armadas con peligrosas cacerolas pueden derrocar un Gobierno. Esto es Islandia, el pedazo de hielo y roca volcánica que un día fue el país más feliz del mundo (así, como suena) y donde ahora los taxistas lanzan las mismas miradas furibundas que en todas partes cuando se les pregunta si están más cabreados con los banqueros o con los políticos. En fin, Esto es Islandia: paraíso sobrenatural, reza el cartel que se divisa desde el avión, antes incluso de desembarcar.

El tipo de la foto se llama Sigurdur Einarsson. Era el presidente ejecutivo de uno de los grandes bancos de Islandia y el más temerario de todos ellos, Kaupthing (literalmente, "la plaza del mercado"; los islandeses tienen un extraño sentido del humor, además de una lengua milenaria e impenetrable). Einarsson ya no está en la lista de la Interpol. Fue detenido hace unos días en su mansión de Londres. Y es uno de los protagonistas del libro más leído de Islandia: nueve volúmenes y 2.400 páginas para una especie de saga delirante sobre los desmanes que puede llegar a perpetrar la industria financiera cuando está totalmente fuera de control.
Nueve volúmenes: prácticamente unos episodios nacionales en los que se demuestra que nada de eso fue un accidente. Islandia fue saqueada por no más de 20 o 30 personas. Una docena de banqueros, unos pocos empresarios y un puñado de políticos formaron un grupo salvaje que llevó al país entero a la ruina: 10 de los 63 parlamentarios islandeses, incluidos los dos líderes del partido que ha gobernado casi ininterrumpidamente desde 1944, tenían concedidos préstamos personales por un valor de casi 10 millones de euros por cabeza. Está por demostrar que eso sea delito (aunque parece que parte de ese dinero servía para comprar acciones de los propios bancos: para hinchar las cotizaciones), pero al menos es un escándalo mayúsculo.

Islandia es una excepción, una singularidad; una rareza. Y no solo por dejar quebrar sus bancos y perseguir a sus banqueros. La isla es un paisaje lunar con apenas 320.000 habitantes a medio camino entre Europa, EE UU y el círculo polar, con un clima y una geografía extremos, con una de las tradiciones democráticas más antiguas de Europa y, fin de los tópicos, con una gente de indomable carácter y una forma de ser y hacer de lo más peculiar. Un lugar donde uno de esos taxistas furibundos, tras dejar atrás la capital, Reikiavik, se adentra en una lengua de tierra rodeada de agua y deja al periodista al pie de la distinguida residencia presidencial, con el mismísimo presidente esperando en el quicio de la puerta: cualquiera puede acercarse sin problemas, no hay medidas de seguridad ni un solo policía. Solo el detalle exótico de una enorme piel de oso polar en lo alto de una escalera saca del pasmo a quien en su primera entrevista con un presidente de un país se topa con un mandatario, Ólagur Grímsson, que considera "una locura" que sus conciudadanos "tengan que pagar la factura de su banca sin que se les consulte".

Y del presidente al ciudadano de a pie: de la anécdota a la categoría. Arnar Arinbjarnarsson es capaz de resumir el apocalipsis de Islandia con estupefaciente impavidez, frente a un humeante capuchino en el céntrico Café París, a dos pasos del Althing, el Parlamento. Arnar tiene 33 años y estudió ingeniería en la universidad, pero, al acabar, ni siquiera se le pasó por la cabeza diseñar puentes: uno de los bancos le contrató, pese a carecer de formación financiera. "La banca estaba experimentando un crecimiento explosivo, y para un ingeniero es relativamente sencillo aprender matemática financiera, sobre todo si el sueldo es estratosférico", alega.

Islandia venía de ser el país más pobre de Europa a principios del siglo XX. En los años ochenta, el Gobierno privatizó la pesca: la dividió en cuotas e hizo millonarios a unos cuantos pescadores. A partir de ahí, bajo el influjo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, el país se convirtió en la quintaesencia del modelo liberal, con una política económica de bajos impuestos, privatizaciones, desregulaciones y demás: la sombra de Milton Friedman, que viajó durante esa época a Reikiavik, es alargada. Aquello funcionó. La renta per cápita se situó entre las más altas del mundo, el paro se estabilizó en el 1% y el país invirtió en energía verde, plantas de aluminio y tecnología. El culmen llegó con el nuevo siglo: el Estado privatizó la banca y los banqueros iniciaron una carrera desaforada por la expansión dentro y fuera del país, ayudados por las manos libres que les dejaba la falta de regulación y por unos tipos de interés en torno al 15% que atraían los ahorros de los dentistas austriacos, los jubilados alemanes y los comerciantes holandeses. Una economía sana, asentada sobre sólidas bases, se convirtió en una mesa de black jack. Ni siquiera faltó una campaña nacionalista a favor de la supremacía racial de la casta empresarial, lo que tal vez demuestra lo peligroso que es meter en la cabeza de la gente ese tipo de memeces, ya sea "las casas nunca bajan de precio" o "los islandeses controlan mejor el riesgo por su pasado vikingo".

La fiesta se desbocó: los activos de los bancos llegaron a multiplicar por 12 el PIB. Solo Irlanda, otro ejemplo de modelo liberal, se acerca a esas cifras. Hasta que de la noche a la mañana -con el colapso de Lehman Brothers y el petardazo financiero mundial- todo se desmoronó, en lo que ha sido "el shock más brutal y fulminante de la crisis internacional", asegura Jon Danielsson, de la London School of Economics.
Pero volvamos a Arnar y su relato: "La banca empezó a derrochar dinero en juergas con champán y estrellas del rock; se compró o ayudó a comprar medio Oxford Street, varios clubes de fútbol de la liga inglesa, bancos en Dinamarca, empresas en toda Escandinavia: todo lo que estuviera en venta, y todo a crédito". Los ejecutivos se concedían créditos millonarios a sí mismos, a sus familiares, a sus amigos y a los políticos cercanos, a menudo, sin garantías. La Bolsa multiplicó su valor por nueve entre 2003 y 2007. Los precios de los pisos se triplicaron. "Los bancos levantaron un obsceno castillo de naipes que se lo llevó todo por delante", cuenta Arnar, que conserva su empleo, pero con la mitad de sueldo. Acaba de comprarse un barco a medias con su padre con la intención de cambiar de vida: quiere dedicarse a la pesca.

La fábula de una isla de pescadores que se convirtió en un país de banqueros tiene moraleja: "Tal vez sea hora de volver al comienzo", reflexiona el ingeniero. "Tal vez todo ese dinero y ese talento que absorbe la banca cuando crece demasiado no solo se convierte en un foco de inestabilidad, sino que detrae recursos de otros sectores y puede llegar a ser nocivo, al impedir que una economía desarrolle todo su potencial", dice el presidente Grímsson.

La magnitud de la catástrofe fue espectacular. La inflación se desbocó, la corona se desplomó, el paro creció a toda velocidad, el PIB ha caído el 15%, los bancos perdieron unos 100.000 millones de dólares (pasará mucho tiempo antes de que haya cifras definitivas) y los islandeses siguieron siendo ricos, más o menos: la mita de ricos que antes. ¿De quién fue la culpa? De los bancos y los banqueros, por supuesto. De sus excesos, de aquella barra libre de crédito, de su desmesurada codicia. Los bancos son el monstruo, la culpa es de ellos y, en todo caso, de los políticos, que les permitieron todo eso. OK. No hay duda. ¿Solamente de los bancos?

"El país entero se vio atrapado en una burbuja. La banca experimentó un desarrollo repentino, algo que ahora vemos como algo estúpido e irresponsable. Pero la gente hizo algo parecido. Las reglas normales de las finanzas quedaron suspendidas y entramos en la era del todo vale: dos casas, tres casas por familia, un Range Rover, una moto de nieve. Los salarios subían, la riqueza parecía salir de la nada, las tarjetas de crédito echaban humo", explica Ásgeir Jonsson, ex economista jefe de Kaupthing. El también economista Magnus Skulasson asume que esa locura colectiva llevó a un país entero a parecer dominado por los valores de Wall Street, de la banca de inversión más especulativa. "Los islandeses hemos contribuido decisivamente a que pasara lo que pasó, por permitir que el Gobierno y la banca hicieran lo que hicieron, pero también participamos de esa combinación de codicia y estupidez. Los bancos merecen sentarse en el banquillo y nosotros nos merecemos una parte del castigo: pero solo una parte", afirma en el restaurante de un céntrico hotel.

Una cosa salva a los islandeses, de alguna manera les redime de parte de esos pecados. En su incisivo ¡Indignaos!, Stephane Hessel describe cómo en Europa y EE UU los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado el bache y prosiguen su vida como siempre: han vuelto los beneficios, los bonus, esas cosas. En cambio, sus víctimas no han recuperado el nivel de ingresos, ni mucho menos el empleo. "El poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos", acusa, y, sin embargo, "los banqueros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros", añade en el prólogo del libro el escritor José Luis Sampedro.

Así es: salvo tal vez en el Ártico. Islandia ha hecho un valiente intento de pedir responsabilidades. "Dejar quebrar los bancos y decirles a los acreedores que no van a cobrar todo lo que se les debe ha ayudado a mitigar algunas de las consecuencias de las locuras de sus banqueros", asegura por teléfono desde Tejas el economista James K. Galbraith.

Contada así, la versión islandesa de la crisis tiene un toque romántico. Pero la economía es siempre más prosaica de lo que parece. Hay quien relata una historia distinta: "Simplemente, no había dinero para rescatar a los bancos: de lo contrario, el Estado los habría salvado: ¡Llegamos a pedírselo a Rusia!", critica el politólogo Eirikur Bergmann. "Fue un accidente: no queríamos, pero tuvimos que dejarlos quebrar y ahora los políticos tratan de vender esa leyenda de que Islandia ha dado otra respuesta".

Sea como sea, la crisis ha dejado una cicatriz enorme que sigue bien visible: hay controles de capitales, un delicioso eufemismo de lo que en el hemisferio Sur (y más concretamente en Argentina) suele llamarse corralito. El paro sigue por encima del 8%, tasas desconocidas por estos lares. El desplome de la corona ha empobrecido a todo el país, excepto a las empresas exportadoras. Cuatro de cada diez hogares se endeudaron en divisas o con créditos vinculados a la inflación (parece que, por lo general, para comprar segundas residencias y coches de lujo), lo que ha dejado un agujero considerable en el bolsillo de la gente. Tras dejar quebrar el sistema bancario, el Estado lo nacionalizó y acabó inyectando montones de dinero -el equivalente a una cuarta parte del PIB- para que la banca no dejara de funcionar, y ahora empieza a reprivatizarlo: la vida, de algún modo, sigue igual.

Todo eso ha elevado la deuda pública por encima del 100% del PIB, y para controlar el déficit tampoco los islandeses se han librado de la oleada de austeridad que recorre Europa desde el Estrecho de Gibraltar hasta la costa de Groenlandia: más impuestos y menos gasto público. Al cabo, Islandia tuvo que pedir un rescate al FMI, y el Fondo ha aplicado las recetas habituales: se han elevado el IRPF y el IVA islandeses y se han creado nuevos impuestos, y por el lado del gasto se han bajado salarios y beneficios sociales y se están cerrando escuelas; se ha reducido el Estado del bienestar. Que es lo que suele suceder cuando de repente un país es menos rico de lo que creía.

"Hemos recorrido una década hacia atrás", cierra Bergman. Y aun así, el Gobierno y el FMI aseguran que Islandia crecerá este año un 3%: el desplome de la corona ha permitido un despegue de las exportaciones, hay sectores punteros -como el aluminio- que están teniendo una crisis muy provechosa, y, al fin y al cabo, Islandia es un país joven con un nivel educativo sobresaliente. Entre la docena de fuentes consultadas para este reportaje, sin embargo, no abunda el optimismo. Uno de los economistas más brillantes de Islandia, Gylfi Zoega, dibuja un panorama preocupante: "Los bancos aún no son operativos, los balances de las empresas están dañados, el acceso al mercado de capitales está cerrado, el Gobierno muestra una debilidad alarmante. No hay consenso sobre qué lugar deben ocupar Islandia y su economía en el mundo. Vamos a la deriva... No se engañe: ni siquiera el colapso de los bancos fue una elección; no había alternativa. Islandia no puede ser un modelo de nada".

Hay quien duda incluso de que los banqueros den finalmente con sus huesos en la cárcel: "Los ejecutivos han sido detenidos varias veces, y después, puestos en libertad: como tantas otras veces, eso es más un jugueteo con la opinión pública que otra cosa", asegura Jon Danielsson. Hannes Guissurasson, asesor del anterior Gobierno y conocido por su férrea defensa de postulados neoliberales, incluso traza una fina línea entre el delito y algunas de las prácticas bancarias de los últimos años. "Muy pocos banqueros van a ir a la prisión, si es que va alguno: ¿qué ley vulnera la excesiva toma de riesgos?", se pregunta.

Pero los mitos son los mitos (y un periodista debe defender su reportaje hasta el último párrafo) e Islandia deja varias lecciones fundamentales. Una: no está claro si dejar caer un banco es un acto reaccionario o libertario, pero el coste, al menos para Islandia, es sorprendentemente bajo; el PIB de Irlanda (cuyo Gobierno garantizó toda la deuda bancaria) ha caído lo mismo y sus perspectivas de recuperación son peores. Dos: tener moneda propia no es un mal negocio. En caso de apuro se devalúa y santas Pascuas; eso permite salir de la crisis con exportaciones, algo que ni Grecia ni Irlanda (ni España) pueden hacer.

La última y definitiva enseñanza viene de la mano del grupo salvaje, a quien nadie vio venir: ni las agencias de calificación ni los auditores anticiparon los problemas (aunque lo que no descubre una buena auditoría lo destapa una buena crisis: Pricewaterhousecoopers está acusada de negligencia). Pero los problemas estaban ahí: la prueba es que la inmensa mayoría de los ejecutivos de banca están de patitas en la calle y algunos esperan juicio. Nuestro Sigurdur Einarsson, el banquero más buscado, se compró una mansión en Chelsea, uno de los barrios más exclusivos de Londres, por 12 millones de euros. La mayoría de los banqueros que tienen problemas con la justicia hicieron lo mismo durante los años del boom, y menos mal que lo hicieron: la gente les abucheaba en el teatro, les tiraba bolas de nieve en plena calle, les lanzaba piropos en los restaurantes o les dejaba ocurrentes pintadas en sus domicilios. Salieron pitando de Islandia. El caso es que Einarsson no tuvo que marcharse: vivía en su estupenda mansión londinense desde 2005. La hipoteca no era problema: Einarsson decidió alquilársela al banco mientras vivía en la casa; al fin y al cabo, un presidente es un presidente, y ese es el tipo de demostraciones de talento financiero que solo traen sorpresas en el improbable caso de que la justicia se meta por medio. Islandia parece el lugar adecuado para que sucedan cosas improbables: según las estadísticas, más de la mitad de los islandeses cree en los elfos. En el avión de vuelta se entiende mejor la publicidad del aeropuerto, sobre todo porque las fuentes consultadas descartan que, si finalmente hay condena a los banqueros, el Gobierno islandés vaya a conceder un solo indulto. Esto es Islandia: paraíso sobrenatural. ¡Vaya si lo es! -

El 'caso Icesave' (y otras rarezas)

El tiburón putrefacto es uno de los platos típicos de Islandia, que tiene una noche inacabable (no solo por las horas de oscuridad), una de las pocas primeras ministras del mundo (Johana Sigurdardottir, abiertamente lesbiana) y un museo de penes (y esto no es una errata). La lista de rarezas es inacabable: es más fácil entrevistar al presidente de Islandia que al alcalde de Reikiavik, Jon Gnarr, célebre por pactar solo con quienes hayan visto las cuatro temporadas de The Wire. Con la crisis, las singularidades han alcanzado incluso al siempre aburrido sector financiero: en Londres han llegado a aplicarle métodos antiterroristas.
Landsbanki, uno de los tres grandes bancos islandeses, abrió una filial por Internet con una cuenta de ahorro a altos tipos de interés, Icesave, que hizo furor entre británicos y holandeses. Cuando las cosas empezaron a torcerse y el Gobierno británico detectó que el banco estaba repatriando capitales, le aplicó la ley antiterrorista para congelar sus fondos. Ese fue el detonante de toda la crisis: provocó la quiebra en cadena de toda la banca. Y sigue dando tremendos dolores de cabeza a Islandia.
Holanda y Reino Unido devolvieron a sus ciudadanos el 100% de los depósitos y ahora exigen ese dinero: 4.000 millones de euros, un tercio del PIB islandés, nada menos. El Gobierno llegó a un acuerdo para que los ciudadanos pagaran en 15 años y al 5,5% de interés: la gente se organizó para echarlo abajo en un referéndum, tras el veto del presidente. Así llegó un segundo pacto, más ventajoso (tipos del 3%, a pagar en 37 años), y de nuevo la gente decidirá en abril en referéndum si paga o no por los desmanes de sus bancos. Agni Asgeirsson, ex ejecutivo que fue despedido de Kaupthing y ahora trabaja como ingeniero en Río Tinto, es tajante al respecto: "El primer acuerdo era claramente un fraude. Este es más discutible. No queremos pagar, pero eso añadiría incertidumbre legal sobre el futuro del país. Pero lo interesante es cómo ha reaccionado la gente". Ese es quizá el mayor atractivo de la respuesta islandesa: la parlamentaria y ex magistrada francesa Eva Joly (a quien se encargó el inicio de la investigación sobre la banca) asegura que lo más llamativo de Islandia es que en un país "que se consideraba a sí mismo un milagro neoliberal, y donde se había perdido gradualmente todo interés por la política, ahora la gente quiere tener su destino en sus propias manos".
"Eso sí: la fe en los políticos y los banqueros tardará en volver, pero que mucho, mucho, tiempo", cierra el cónsul de España, Fridrik S. Kristjánsson. -


El País